Las malas noticias viajan más rápido y los rumores no precisan transporte para llegar a los oídos de los interesados. De esa forma llego a mis puertas laterales el mensaje de que el hermano de mi madre había fallecido, ese comentario no solo entró indiscretamente a los oídos de todos mis familiares, sino que se dedicó a patear úvulas para sacar lágrimas por medio de salvajes punta pies. En mi casa ya eran comunes las lluvias saladas pero aun así la muerte siempre es esa visita que nadie espera y ni se quiere recibir, pero como parte del proceso de la vida, muy a nuestro pesar le llego la fecha de expiración a mi tío.
Juan fue un hombre trabajador, honesto, gritón, sin pelos en la lengua, mal hablado pero sin duda alguna, un hombre entregado en lo que hacía. Fueron los comentarios que salían de la boca de mi madre en el viaje que emprendimos desde nuestra casa hasta al lugar del velorio y que siguió repitiendo, tanto asi que ya las palabras llenas de cansancio perdían fuerzas para llegar a nuestros oídos. El velorio (muy en contra de la opinión de todos los presentes), se realizo en la casa en donde residió los últimos años de su vida mi tío, al parecer fue la última voluntad de él o algo así decía el abogado (Lo ignoramos ya que la melancolía era muy fuerte como para ponernos a discutir). En ese momento llego la otra hermana de mi mama acompañada de su hijo, un primo mío, el cual había optado por ser mudo y solo hablar cuando tenga algo bueno que decir (Una moción que yo apoyé, ya que en este mundo se habla sin decir nada). Acompañado por la presencia de mi primo me acerqué a la sala donde se estaban sirviendo café unos señores de trajes elegantes que hablaban de la pena que les causaba la muerte de mi tío y la pena que les provocaba el hecho de que ya no les podrá pagar las deudas que había fabricado. Comentarios similares escuchamos a lo largo de nuestra estadía en el viejo hogar pero no les dimos mayor importancia.
Mi madre que seguía acongojada por el suceso decidió quedarse a dormir ahí “haciendo compañía a su hermano” y nosotros con la misma intención de mi madre decidimos quedarnos haciéndole compañía a ella. La casa era espaciosa y llena de habitaciones las cuales escondían los asuntos y negocios que mi tío llevo durante su vida. Mi primo y yo llenos de ilusión infantil nos imaginábamos como investigadores decidiendo recorrer la casa para averiguar quién fue el culpable de la muerte de nuestro pariente (Ya sabíamos que fue un fallo en el ventrículo derecho) pero aun así nos lanzamos a la búsqueda del supuesto asesino. Sin miedo caminamos por toda la casa detrás de huellas y señales que no existían, -tal vez ha dejado un tesoro escondido- pensamos, y entramos irrespetuosamente al dormitorio del occiso. Caminamos muy lentamente cargando el alma y sin zapatos por la habitación, sin hacer el mas mínimo ruido. No lo hicimos por miedo, tal vez lo hicimos por respeto más que por otra cosa, pero aun así entramos y comenzamos a revisar todo lo que se ponía a nuestro paso, sin necesidad de destruir, abríamos sobres, ojeábamos revistas, revisábamos cintas de audio y de video que estaban guardadas en el closet, pero lo que claramente llamó mi atención fue una carta, que mi tío le dirigía a un viejo amigo de él, donde en palabras muy sencillas y satíricas, explicaba su idea de huir hacia Chile, dejando en la quiebra a muchas personas con las que trabajó, más de un millón de dólares en deudas y sueldos que no pensaba pagar, estaba esperando que el banco le embargue todas sus propiedades, ya que fruto de la deshonra y mal juicio había comprado unos viñedos allá en el Sur de Latinoamérica, parecía un plan perfecto que perjudicaba a centenares de personas, pero la muerte lo alcanzo primero y los planes se quedaron en tristes ilusiones macabras que lamentablemente fueron las ultimas ideas en las que pensó mi tío antes de morir.
Yo seguía perplejo mirando la carta y dando vueltas al pasaje de avión que se encontraba dentro del sobre, gritando y maldiciendo la clase de persona que era mi tío. No me había percatado que mi primo se había quedado quietamente tranquilo en el baño mirando fijamente hacia un objeto, me acerque rápidamente para saber que ocurría, pero el impacto fue mayor cuando vi el cepillo de dientes que había cautivado la atención de mi compañero. Estábamos atónitos ya que el cepillo estaba envuelto con pelos, mi primo lo cogió sutilmente con los dedos, le clavo la mirada una vez más, sonrió y dijo – Ja… no tenia pelos en la lengua-